
Tengo la impresión de que muchas de las actividades que preparo a lo largo del curso son propuestas cuyo resultado es altamente aleatorio, impredecible. Lo que funciona con una clase, es posible que no funcione tanto con otra, y así que te ves obligado a adaptarte constantemente a cada grupo, cada uno totalmente diferente, y desde luego a cada alumno. Pues bien, este juego del emboscado al que casi todos los docentes jugamos, me ha deparado esta semana una sorpresa muy especial cuyo protagonistas han sido La isla del tesoro y un alumno de Primero de la ESO con serios problemas de comportamiento derivados de una terrible situación de abandono familiar. Se llama Tino y es un chico problemático, con el que apenas he podido sacar hasta ahora nada en claro, sencillamente porque se niega a hacer nada. Pero un chico también que muestra enseguida que, detrás de esa actitud negativa con los profesores y con sus compañeros, el desamparo y la falta de cariño.
El día de la entrega de notas decidí entregar a los alumnos de mis dos cursos de Primero de la ESO una carta a los padres de los niños que no habían hecho las lecturas del primer trimestre para que con un pequeño trabajo la recuperen - que no esa otra que La isla del tesoro de Stevenson. La indolencia de los alumnos ante la lectura me hizo pesar en esta medida en la que me dirigía directamente a los padres comentándoles la importancia de la lectura y dándoles el nombre de las próximas. Los dos cursos son de un nivel muy bajo, en los que incluso la comprensión de la novela de Stevenson es a veces limitada. Pero creo importante comienza el curso con una lectura clásica para luego leer novelas más recientes, como la interesante La mirada oscura de Joan Manuel Gisbert o El valle de los lobos de Laura Gallego.
A la espera de que me entreguen aún los trabajos este lunes, último día de recogida, el pasado miércoles me llevé la clase de Tino al salón de actos a ver lo que nos diera tiempo de la versión de Walt Disney de La isla del tesoro de 1950, la mejor según tengo entendido, con un estupendo rabajo de actores y de dirección. Antes de explicarles lo que íbamos a ver y pedirles que se comportaran, etc. Tino me dijo que había traído el trabajo pero que no lo encontraba. No lo creí. Es típico de Tino que intente engañarte así de un modo muy simple, y muy molesto también, aseverando lo que no es cierto.
Aún así durante la proyección me di cuenta que se había sentado adelante y que atendía a la película más aún que el resto, indicando qué personaje era cada uno, adelantando lo que iba a ocurrir, y lo mejor de todo pidiendo a sus compañeros que se callaran de una vez. De repente le vi revolviendo en la mochila y acercándome un par de folios doblados y escritos a mano. Satisfecho y presumido me dijo que ese era su trabajo, que ya me lo había dicho pero que no lo encontraba. Después he leído con atención lo que ha escrito. Aunque no estoy seguro si se lo ha leído todo, en el apartado de opinión personal dice que le ha gustado mucho. Y responde a las preguntas sobre personajes y situaciones que le había hecho de manera correcta. Nunca me hubiera imaginado que Tino, que tantos problemas ha causado hasta ahora, fuera de los pocos que han leído y preparado el trabajo que les pedí. Por lo que dice en su trabajo y por la mirada atenta con la que contemplaba la película, estoy seguro que se ha sentido Jim Hawking a la busca del tesoro y pienso que su lectura le ha reconciliado un poco con la vida, con su madre, que probablemente le ha debido ayudar a leer y hacer el trabajo, y también un poco con la clase de lengua.
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