
En el intercambio de clases me quedo con una de mis clases de 1º de la ESO, para evitar que salgan de ella, que se peleen o que se armen escándalo. mi presencia n los intimida, pero al menos puedo hacer que se den cuenta de lo que está mal, y que lo eviten. Incluso se acostumbran a pedir permiso para lo que consideran que es salirse de las normas. No me importa hacerlo, porque aunque ignoran mi presencia puedo conversar con alguno en un tono que sería imposible en clase, hacer alguna broma, escuchar las recomendaciones de libros que me hacen, etc.
Inevitablemente cuando el siguiente profesor entra en clase cambiamos algunas palabras sobre el grupo. Y el juicio casi nunca ha sido positivo: no trabajan en casa, no estudian para los exámenes, sus familias se desentienden de sus problemas en el instituto. Su tutor les ha preguntado hace poco a qué hora se van a la cama y todos están aún viendo le tele con sus padres a las doce de la noche. Después de comentar aquello que nos ha funcionado con ellos y lo que no, un "hacemos lo que podemos" suele ser la última de las reflexiones, antes de que mi compañero de música entre en el aula armándose los machos y yo salga a una hora de merecido descanso.
Y es que , ¿se puede hacer otra cosa?
Acabo de volver a leer el interesante artículo del sociólogo José Saturnin Martinez García en El País el pasado 14 de enero, recomendado por un hermano mayor que se vio identificado en él. En contra del sentir oficial del mundo intelectual y de la profesión, argumenta que la educación española no va nada mal. La diferencia entre el sistema educativo de hace treinta años y el de ahora es la selección. Los bachilleratos de antes eran buenos porque sólo llegaban a él unos pocos. Como recuerda este sociólogo sólo 16 de sus compañeros del colegio, de 140, pasaron al bachillerato. Mi hermano mayor recordaba que llegaron al instituto cuatro de toda su promoción del colegio. Y de esos cuatro sólo él había finalizado una carrera universitaria. De manera que es un evidente éxito social que hoy día estén hasta los dieciséis años en el instituto en unas tasas de escolaridad de casi el 100 %.
Los que se indignan dentro y fuera de las aulas en el debate educativo, intelectuales, políticos de flema, tertulianos avisados, profesores y padres, y yo mismo, sea dicho por la charla que tuve con mi hermano, debemos reflexionar sobre estos datos. A nuestras clases asisten alumnos que hace unos años simplemente no acudirían; excluidos de la sociedad o trabajadores semi explotados por sus jefes o familias. Su desidia ya no me llevará a pensar que estarían mejor fuera, en su casa o trabajando. Sino que hoy día tienen una oportunidad de mejorar su cultura y, sobre todo, su integración en la sociedad. Porque la Secundaria es hoy el mejor laboratorio de socialización que existe. Taller de convivencia para futuros ciudadanos. Y, por qué no, esperanza de ascenso social para unos pocos.
Quizá no nos guste la sociedad que se refleja en nuestros alumnos y nos creamos incapaces de cambiarla.
Pero, ¿hay un reto más hermoso?
3 comentarios:
¿Y lo que se ha perdido en el camino de escolarizar obligatoriamente a muchachos que detestan la escuela y contagian su desidia, malos modos y falta de ganas a todos sus compañeros? ¿No estaría mejor estos chicos en cursos de formación profesional que encerrados aguantando asignaturas que no les interesan en absoluto durante muchas horas al día? Sólo sé que el bachillerato en que fui profesor (el Bup) era una pequeña maravilla, que se ha volatilizado. Hemos perdido algo excelente a cambio de muy poco, aunque digas que es una maravillosa oportunidad. ¿A lo que veo todos los días le llamas "reto hermoso"? Veo acumulaciones de vagos que calientan la silla. Pobre del alumno que tenga intereses y motivación. Más vale que se lo esconda, porque si no irán por él. Veo grosería y pereza en grados superlativos. ¿Adónde va ahora el que quiere una enseñanza como la que ofrecía el antiguo BUP -que consistía en un experimento interclasista y en la libertad de la escuela pública-? A la privada. Esto es lo que ha conseguido la LOGSE, que los padres que quieran una buena educación para sus hijos los lleven a la privada. Cuanto más se paga, mejor calidad. Lo que ha quedado en la escuela pública, en la ESO, es el muro de contención social. ¿Igualdad de oportunidades? Ja.
Aupa con tu ilusión, que nadie te la quite. Hacen falta docentes que proyecten entusiasmo y esperanza. Sin quitarle razón a Abel, creo que lo que el plantea puede ser una cuestión generacional. Quizás él ya esté desgastado, erosionado por el tiempo, y eso es muy difícil de remediar. Hacen falta nuevas generaciones que latan en cercanía con los adolescentes. Sus malos modos, su rebeldía quizás sean un malestar que viene de la familia, de sus circunstancias sociales... Es necesario mucho aguante, es cierto, pero también mucha ilusión. Esa siempre.
Agradezco mucho la crítica de Abel así como la respuesta de Joselu.
A Abel tengo que decirle que estoy más de acuerdo con él de lo que pueda parecer. Los valores y comportamientos de adolescenes hoy día son basante peores desde luego que hace quinece años, cuando yo fui uno de esos alumnos. La convivencia en los centros es tensa y está llena de conflictos.Yo, como docente, también sufro los malos modales o las faltas de respeto en clase. No es desde luego una profesión fácil. Yo echo de menos más discipllina, y si no se puede contar con los padres, al menos se debe contar con una Jefatura de Estudios contundente. En todo esto estaría de acuerdo contigo y probablemente en mucho más .
Pero creo que es contraproducente culpabilzar a los alumnos y dar por imposible el trabajo de profesor. Es más, sigo creyendo en que hay hoy día una oportunidad de hacer bien las cosas. Lo que ocurre es que la sociedad ha cambiado. El BUP estaba muy bien para un alumnado homogéneo y más motivado. Incluso haría que esos vagos a los que te refieres no estuvieran en las aulas, sino en la calle o como mucho en una FP. Pero no un desastre para afrontar,por ejemplo, el problema de los alumnos inmigrantes. Automáticamente, a los catorce años la gran mayoría quedaría fuera del sistema educativo. Y su integración en la sociedad sería muchísimo más difícil. Esos dos años que pasan en el instituto son, efectivamente, un problema. Pero también una oportunidad de enseñarles a integrarse, y a que sus compañeros también aprendan con ellos. Aunque faltan muchos medios y la responsabilidad de la Administraciones es sonrojante en este sentido, la exclusión que conduce más aún al ghetto no es la solución. Es cierto que las clases con inmigrantes son las de peor nivel, las más conflicivas. Pero para mí sí es un reto dar una respuesta a un fenómeno social tan trascendentte y delicado como el de la inmigración. Los vagos de los que hablas son los que menos me preocupan. Estoy por otra parte convencido de que abundan también en la privada. El problema es que haya tanta privada y concertada con el dinero de todos.
A Joselu le quiero agradecer su comentario por lo que tiene de comprnsión y sabiduría, cualidades de sobra demostradas en su blog. He de reconocer que el comentario de Abel me dejó un poco descolocado. Y que tu respuesta me animó no poco.
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